Nuestro debate político suele plantearse en términos absolutos: o ruptura total (fin de un ciclo para comenzar uno totalmente nuevo), o continuidad maquillada (normalización, continuismo). Pero la experiencia histórica nos muestra, una y otra vez, que se trata de un falso dilema. El “Socialismo del siglo XXI” presenta límites estructurales evidentes: concentración de poder, destrucción institucional, colapso productivo y dependencia externa sobre la economía y la política. Un modelo que genera faltas constitucionales graves, empobrecimiento sostenido y corrupción de las instituciones. A largo plazo es inviable, por eso, no se trata de “corregirlo”, sino de superarlo. Pero superar un sistema político no implica excluir a quienes formaron parte de él. La historia nos ofrece una lección valiosa en la transición de Checoslovaquia (1989). Václav Havel, crítico implacable del régimen comunista, sostenía que aquel sistema era “incapaz de reformarse”, “estructuralmente inviable” “no susceptib...
¡Acompáñame a recorrer nuestro tiempo con sentido crítico y positivo! Mercedes Malavé