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Mostrando las entradas de abril, 2021

Ética de la hospitalidad

  Dice el filósofo argentino Damián Fernández Pedemonte: “No nos alcanzará con haber desarrollado una ética de la acción: es decir, saber qué hacer o qué omitir, buscar el bien y evitar el mal, ejercitarnos en la virtud y combatir el vicio. Además de esto, más o menos asentado, nos tocará ahora edificar una ética pasiva, de la recepción de lo que nos llega sin buscar: una ética de la hospitalidad, según Daniel Innerarity” (Damián Fernández). En efecto, el concepto de hospitalidad ilustra muy bien la realidad de que ninguna existencia se desarrolla con absoluta autonomía, que no existe un «yo» sin sus circunstancias, como bien apuntaba Ortega y Gasset; y que desarrollamos nuestro ser en un entramado de relaciones de interdependencia con hechos y personas que nos van definiendo y transformando. Hoy, la concepción de identidad entendida como conciencia de pertenencia a un determinado grupo, específico y bien delimitado, viene debilitándose por la facilidad de reinterpretarse y reconfigura

El chantaje del lenguaje

    «Más vale —escribe lealmente el teólogo M. Goguel— confesar nuestra ignorancia que tratar de disminuirla con construcciones arbitrarias». De esos razonados argumentos sobre lo que no se sabe ni se entiende, estamos atiborrados en este extravío de opinión pública frente a lo que estamos viviendo y es, hasta cierto punto comprensible, dada nuestra compleja y prolongada tragedia, capaz de anegar cualquier mínimo sosiego necesario para ponderar y elevar la mirada por encima de dificultades que hoy nos sumen en la más profunda desilusión. Dificultades para comprender, por ejemplo, parafraseando al economista Manuel Sutherland, cómo ha sido posible que un proceso político, por más populista y corrupto que fuera, haya sido capaz de liquidar 90% de la capacidad productiva de un país que tiene petróleo y riquezas incalculables; o cómo ha podido ocurrir que, frente a la pandemia, adoptemos niveles de política prefeudal, con delirios anticientíficos y supersticiosos… todo un cli

Deslave sanitario y mega-soluciones

No dudo en afirmar que la pandemia es una tragedia de dimensiones fácilmente comparables al deslave de Vargas. La investigadora Carlota Pérez (USB) hablaba de dos deslaves en el siglo XXI: uno geográfico (Vargas) y uno económico (la ruina de PDVSA). Hoy podemos añadir un tercer deslave humanitario-sanitario, donde miles de personas agonizan asfixiadas por falta de atención, monitoreo continuo, tratamientos y terapias adecuadas. Un paciente COVID-19 con criterios de hospitalización es un enfermo que no puede valerse por sí mismo para nada (ni para necesidades fisiológicas). Si a eso le sumas el aislamiento de los familiares por el contagio, tenemos que la carga para el personal sanitario es desmedida. Un enfermo COVID-19 puede ahogarse en cualquier momento; de un instante a otro puede requerir mayor carga de oxígeno o un ingreso a UCI. El monitoreo debe ser ininterrumpido y por eso es tan importante la rotación del personal. Se requiere el triple o el cuádruple de lo habitual. El Papa F