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Retórica y verdá’ en la O–E–A

Las intervenciones de Luis Alfonso Hoyos y Roy Charderton ante la OEA han sido un ejemplo paradigmático, a mi modo de ver, de la relación que hay entre realidad y persuasión en el discurso político o de cualquier otra índole. Un clásico tema de la comunicación masiva y de la ciencia política, sobre el que podemos reflexionar a propósito de esta ocasión en la que la lección se nos presenta en bandeja o como verdad de “anteojito”.

De la sabiduría griega hemos heredado la clásica distinción de los tres elementos para persuadir o ganar la aprobación del público: ethos, pathos y logos:

Ethos consiste en la capacidad del orador de crear un ambiente propicio antes de exponer sus ideas. Lo primero que debe hacer es ganarse la credibilidad del público, y para ello suele hacer referencia a valores y preocupaciones comunes, ideas conocidas por el público y puntos de vista compartidos. Se trata de partir de un sustrato común, positivo, lleno de confianza, para que las personas acepten los argumentos y las pruebas que el orador quiere presentar.


Captar las emociones de todo tipo de público
Pathos consiste en la capacidad del orador de conducir las emociones del público con el objeto de buscar la aprobación no sólo de su razón lógico-formal sino de la totalidad de la persona que incluye también sus sentimientos, emociones y pasiones. Ellas son capaces de crear fuertes vínculos con las ideas y de afianzar cualquier tipo de convicción. En nuestro tiempo, como prolifera la manipulación por medio de las emociones, se puede pensar que éstas acompañan sólo los argumentos falsos, banales o superficiales, pero no es así. Las pasiones son buenas y pueden llegar a tener un alto grado de compatibilidad y sintonía con las verdades más profundas acerca del hombre, del bien moral e incluso con la aceptación del dolor en lo que trae de bien para el hombre. Aunque el bien y el placer humanos no se identifican del todo, tampoco son completamente antagónicos ni opuestos.
Logos consiste tanto en las ideas –en el uso de la lógica, las pruebas y las razones de peso que expone el orador– como en su buena comunicación por medio del lenguaje. Para los griegos, el logos consiste tanto en la idea como en su representación verbal por medio de las palabras. Quien no sabe expresar una idea tampoco la ha formulado en su mente de modo cabal.

Con estas herramientas básicas de la retórica o persuasión, pasemos a analizar ambos discursos. Veamos la intervención de Hoyos teniendo en cuenta las tres dimensiones de la retórica clásica:







Ethos: pocas son las personas que logran ganarse la confianza del auditorio desde el primer momento de su discurso. Son muchos los factores que entran en juego: desde la simpatía que el orador demuestra a través de la mirada y los gestos, hasta el modo cómo se presenta, su forma de hablar, la tendencia ideológica o de partido a la que pertenece, etc. ¿Consideras que Hoyos gana la confiabilidad del auditorio? Quizá el recurso más potente del ethos es la fuerza con la que logra expresarse una persona convencida. Hoyos es un hombre convencido de sus ideas.

Pathos: el tono del discurso de Hoyos es un ejemplo de cómo pasiones como la ira, la piedad, la compasión, la indignación, pueden fortalecer la transmisión de una verdad moral y mover al auditorio a tomar una resolución firme y definitiva. La problemática que el embajador Hoyos está tocando es tan grave como dolorosa, lo que amerita el despliegue de toda la nobleza de las pasiones humanas.

Logos: Durante su discurso, Hoyos presenta numerosas pruebas (pueden verse en otro video) y expone argumentos fuertes y muy lógicos respecto a la posición de los países latinoamericanos respecto al narcotráfico y la guerrilla colombiana. Pero hay un argumento más profundo en este discurso de Hoyos que toca fondo en lo que podríamos llamar la dolencia de las relaciones diplomáticas actualmente: el precario compromiso de las instancias internacionales con la defensa de unos valores universales y objetivos que sostengan la paz y la democracia de los países, so capa de tolerancia, respeto a la soberanía, política de no intervención, etc. Luis Alfonso Hoyos es tajante cuando dice que no existe ningún argumento moral, es decir, ningún llamado al respeto de la soberanía, a la tolerancia o a la legitimidad de los gobiernos, que pueda justificar una actitud pasiva frente al terrorismo y a los crímenes que se cometen en cualquier territorio del orbe terreno. Creo que Hoyos está defendiendo la existencia de unas razones morales por encima de cualquier orden político, social y cultural, que compete a ellos defender y velar por su protección en todas las naciones.

Pasemos muy brevemente a analizar estas mismas componentes de la persuación en la respuesta del embajador Roy Chaderton. Veámoslo primero:


El ethos y pathos de este discurso se pueden analizar juntos, simplemente porque están prácticamente ausentes. La falta de recursos para ganarse la confianza del público y para empatizar con sus emociones denota que el orador como persona está casi anulado. Se trata de un discurso de carácter impersonal. Cualquiera podría pronunciar estas palabras en su lugar. Esto hace difícil la comprensión de las ideas y la captación de lo que es más importante.

En cuanto al logos se podrían decir muchísimas cosas, pero más a nivel del análisis del discurso. Intentaré sintetizar en dos ideas las cuestiones que pueden estudiarse con detalle:

1. Falta de referencia a la realidad: el embajador Chaderton habla fuera de contexto. Sus ideas podrían reproducirse en cualquier lugar y ante circunstancias muy diversas. No da respuestas a lo que se le acusa, ni expone pruebas objetivas. Se trata de un discurso ideologizado. También llama la atención la inversión de los hechos. Una cosa es no dar respuesta a las acusaciones que hacen en tu contra y otra, más grave aún, es acusar al otro exactamente de lo mismo que a ti se te acusa. Como sabemos, se trata de la misma táctica discursiva del Presidente Chávez.

2. Vocabulario panfletario y propagandístico: Es muy fácil encontrar en el discurso de Chaderton palabras, frases y giros lingüísticos que imitan a los del Presidente Hugo Chávez. La más emblemática es el uso indiscriminado y genérico de la palabra oligarquía.  De allí la necesaria impersonalidad del discurso del Embajador venezolano ante la OEA, ya que si ambas personalidades -la de Chávez y la de Chaderton- son evidentemente distintas, a Chaderton no le queda más remedio que ocultarse detrás de un discurso prefabricado. Da la impresión de que el Embajador no está hablando en nombre propio, ni empleando sus propias ideas. De allí la debilidad de su discurso, su falta de persuación.  

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