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Un trampa para la ética: la ideología

Tu verdad. Mi verdad. Se trata de una cuestión apremiante, tanto para la ética como para el derecho, delimitar esa área en la que un comportamiento concreto puede ser exigido tanto por el bien de la propia persona como por el bien de los demás. Si bien existe el amplísimo campo de las materias o verdades opinable, no lo es todo. Hay realidades que exigen un reconocimiento universal, una aceptación de justicia. No hacerlo reflejaría no sólo la sentencia generalizada de que todo es opinable, sino una postura mucho más nociva como lo puede ser el autoengaño, el descaro o la corrupción de la conciencia individua o la esquizofrenia moral (doble moral).

La siguiente cuestión planteada por una periodista venezolana toca de algún modo esta cuestión:

Pregunta: ¿Qué tan ético puede ser que un periodista que trabaja para un medio de la línea política del gobierno, en las redes sociales difunda un pensamiento contrario?

Diana Villamil
Estudiante de Periodismo Digital
Universidad Monteávila
Caracas, Venezuela


Respuesta de Dario Restrepo:

La pregunta da por aceptados dos supuestos:

1. Que un periodista, al trabajar en un medio, está obligado a compartir y defender la posición política del medio. Según la consulta, si es un medio alineado con la política del gobierno, el periodista debe mantener esa línea.
2. Que el periodista, al informar, lo hace como activista político de quien lo contrató y renuncia a sus convicciones personales
Puesto que estos dos supuestos no tienen fundamento ético alguno, las conclusiones que de ellos se siguen son inaceptables. 
En efecto: cualquiera sea el medio en que el periodista trabaja, su compromiso profesional es ofrecer a los receptores una información de calidad que le sirva para tomar decisiones libres. Este es un objetivo en todo diferente, por lo universal, del que podría tener el periodista, propagandista del gobierno que le paga. Este tendría en mente el público limitado de los adeptos, del que se excluiría a los opositores. El periodista incluye y pretende abarcar a todos, con una información válida para todos. 
Las lealtades del periodista no son para quien le paga, sino para con el receptor de sus informaciones.  
Tampoco se puede aceptar que la línea de sus informaciones deba ser la línea política del medio en que trabaja. La única línea política aceptable para un periodista es la de ofrecer a sus lectores una información veraz y desprovista de intencionalidad partidista. Reiterando lo del párrafo anterior, el periodista no hace propaganda de nada ni de nadie porque lo suyo es la información que permite a los receptores el conocimiento más completo posible de la realidad. A él lo contratan como periodista, no como propagandista de ninguna ideología. 
Por tanto no hay contradicción alguna en el hecho de que investigue, escriba y publique informaciones que no tienen línea partidista alguna en un medio de difusión pública, y que luego, en las redes sociales, exprese su pensamiento personal, al que no ha renunciado por razón de su ejercicio profesional.  

Documentación. 
Lo que distingue el trabajo del profesional periodista es la ausencia de supervisión y la confianza del público en la honradez del profesional. Cuando el editor envía a un reportero a escribir una historia acerca de un acontecimiento, confía en que el reportero tiene un sentido interno de responsabilidad y representa con exactitud lo que el artículo pretende representar.  
La deshonestidad inconsciente de algunos periodistas es rara y notoria como el asunto Janet Cook de The Washington Post o Jayson Blair en New York Times. En los dos casos la violación de la ética periodística fue considerada tan seria que los periodistas involucrados fueron inmediatamente despedidos. 
Kant describió el razonamiento de la ética profesional como arraigado en la racionalidad humana, de modo que una persona cuerda ha de ser incapaz de sostener como verdadera una declaración que insinúa dos acciones contradictorias. Lo que guía al buen periodista es el sentido de que la verdad del problema debe ser dicha de tal modo que nunca pueda ser probada como falsa, precisamente porque el público ha confiado en la profesión. 
Si una persona no profesional miente, el público puede no estar preocupado. Pero cuando la persona es profesional traiciona la confianza del público, la profesión como un todo es cuestionada. De hecho cuando los profesionales no son leales a su compromiso, la estructura de la sociedad moderna comienza a colapsar porque todas las relaciones humanas se basan en la confianza en la moralidad de los otros.  
(Robert White en Comunicar Comunidad, La Crujía, Buenos Aires, 2007, p 187).


Los géneros periodísticos distinguen muy bien entre verdad y opinión. Sin embargo, una sociedad relativista como la nuestra rechaza, a veces con cierta violencia, la defensa de la verdad. Un profesional de la verdad, como lo es periodista, debe ser un gran defensor de la razón, del conocimiento y de una serie de valores: honestidad, honradez, lealtad, prudencia, etc., que velen y garanticen el derecho a informar la verdad siempre que se pueda conocer.

Una serie de supuestos capitales vienen tocados en la respuesta de Javier Darío Restrepo

1. La conducta ética no obliga a sumarse a una cosmovisión o ideología política concreta. No es ni comunista, ni liberal, ni de izquierda ni de derechas. Se trata de una postura abierta y sincera de amor a la verdad sea cual sea su fuente de origen y más allá de las exigencias del propio egoísmo o interés personal.

2.  Las propias convicciones generan compromisos éticos siempre y cuando no atenten contra la declaración de la verdad sea donde sea y en toda circunstancia. La máxima "El fin no justifica los medios" se puede aplicar aquí también diciendo: "Por tu verdad no puedes justificar cualquier medio". Uno puede dar la propia vida por un ideal, si quiere. Pero no puedo obligar a otros a que se sacrifiquen por mi ideal. Es decir, no puede haber un compromiso tal con una cierta verdad que violente la realidad o atente contra el bien común. 

3. La ética y la deontología demandan una calidad alta a la hora de la exigencia personal, la búsqueda de soluciones (no siempre lo más fácil ni lo más útil). La profesionalidad está llena de contenidos éticos y virtuosos para poder realmente ser los mejores.

4. De que cada uno obre en consecuencia depende el ethos ético de una sociedad.

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