Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta democracia cristiana

La misión de la democracia cristiana

No solo una corriente democrática ha recibido el apelativo de cristiana en determinado momento y situación histórica sino también diversas formas políticas de la Edad Media hasta llegar al Sacro Imperio, la monarquía y algunas formas de vida comunitaria modernas, como por ejemplo las reducciones jesuiticas en el sur de América. En realidad, toda la civilización occidental está impregnada de los valores del cristianismo. La sabiduría griega, con todo su desarrollo filosófico y humanístico, se hubiese quedado literalmente en el tintero de la historia o en los escombros del imperio romano si no hubiese sido rescatada por los evangelizadores cristianos y difundida por todo el mundo conocido.

Carisma y Jerarquía

A la gloriosa JRC  Acabo de leer una entrevista de Hugo Prieto al artista plástico Nelson Garrido (Premio Nacional de Artes Plásticas, 1991). El título del artículo es “Aquí hay una gran memoria para olvidar”, sin embargo, no es de la memoria, precisamente, de lo que voy a tratar, sino de otro tema que aparece recurrentemente en la entrevista: la rebeldía, la subversión y la revolución. 

Nuestra motivación originaria

Dice Gutenberg Martínez que “la motivación originaria es, sigue siendo, nítida: la insatisfacción espiritual que resuena en el fondo de la conciencia humana ante la saturación de propuestas meramente materialistas que conducen a la deshumanización. Una insatisfacción que mueve a la reacción ante la injusticia social, pero también frente a la pretensión de reducir la grandeza de la condición humana en un destino mediocre, carente de trascendencia. La identidad socialcristiana se construye alrededor de una certeza y una voluntad: la certeza de que existe alternativa al individualismo, al egoísmo, al utilitarismo y, en definitiva, a la mediocridad; la voluntad de crear espacios para la presencia, la participación, la militancia y la influencia de los socialcristianos en la vida pública y en el escenario político”. 

Te lanzo un grito lleno de amor

“Te lanzo un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú mismo. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No te enorgullezcas por tus conquistas hasta olvidar sus posibles consecuencias negativas. No te deprimas por la pérdida cuantitativa de tu grandeza en el mundo o por las crisis sociales y culturales que te afectan ahora. Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo” .  Juan Pablo II (paráfrasis)

Dolorosa vocación de centro

E l diplomático y escritor francés Paul Claudel describió la condición del cristiano del siglo XX como la de un náufrago. En tiempos tan convulsos, donde prevalecen ideologías ateas, crisis moral y pérdida del sentido trascedente de la vida, el cristiano es como un navegante cuya barca pereció ante las terribles tempestades. El navegante quedó solo en el inmenso mar sostenido por un madero que le permite flotar en el agua. El madero, dice Claudel, es la cruz.  Ya sea sobre la mar o sobre el abismo –recordemos el cuadro de la Crucifixión de Salvador Dalí–, un simple madero es lo que salva del abismo y de las mareas de muerte de las ideologías circundantes: “en último término –dice Claudel–, el madero es más fuerte que la nada, que está a sus pies, pero que sigue siendo el poder que amenaza su existencia actual”.