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Mostrando las entradas con la etiqueta Lenguaje

El chantaje del lenguaje

    «Más vale —escribe lealmente el teólogo M. Goguel— confesar nuestra ignorancia que tratar de disminuirla con construcciones arbitrarias». De esos razonados argumentos sobre lo que no se sabe ni se entiende, estamos atiborrados en este extravío de opinión pública frente a lo que estamos viviendo y es, hasta cierto punto comprensible, dada nuestra compleja y prolongada tragedia, capaz de anegar cualquier mínimo sosiego necesario para ponderar y elevar la mirada por encima de dificultades que hoy nos sumen en la más profunda desilusión. Dificultades para comprender, por ejemplo, parafraseando al economista Manuel Sutherland, cómo ha sido posible que un proceso político, por más populista y corrupto que fuera, haya sido capaz de liquidar 90% de la capacidad productiva de un país que tiene petróleo y riquezas incalculables; o cómo ha podido ocurrir que, frente a la pandemia, adoptemos niveles de política prefeudal, con delirios anticientíficos y supersticiosos… to...

La realidad en el laberinto del lenguaje

No hay nada más práctico que una buena teoría, decía una buena profesora de filosofía, o profesora de filosofía buena, en este caso es lo mismo. Una de esas teorías que vale la pena poner en práctica es la del lenguaje: qué es, cuál es su finalidad, qué son las palabras, para qué se usan. Josef Pieper refiere una polémica literalmente clásica sobre el uso que le daba la sofística al lenguaje. Para los filósofos de la Escuela de Atenas, se estaba incurriendo en una tergiversación del lenguaje que pondría en peligro todo el sistema filosófico, cultural, político y moral de la paideia griega y, por eso, cargaron las tintas contra un movimiento que nació con una finalidad buena, como lo es el cultivo del lenguaje, la construcción del discurso, las clases de oratoria y de retórica, pero que podía ser letal.

El debate popular de Andrés Eloy

Rafael Caldera recuerda la participación de Andrés Eloy Blanco en la Asamblea Constituyente de 1946. En medio de un clima tenso, de eternas discusiones y hechos de violencia, el poeta supo mantener la calma, en su posición de presidente de dicha Asamblea, gracias a su "fino temperamento", a su gran educación, nivel cultural, y, sobre todo, a su notable simpatía y buen humor.