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POLÍTICA Y REDENCIÓN

Quisiera hacer dos consideraciones muy breves a propósito del binomio que encabeza este artículo. Hay un documento del Concilio Vaticano II llamado la “Dei Verbum”. En él se afirma que la redención del género humano se llevó a cabo mediante hechos y palabras intrínsecamente relacionados: cada uno de los hechos confirman y cumplen las palabras reveladas y, a su vez, las palabras confirman y esclarecen los hechos que hicieron posible la salvación de los hombres. Es una descripción que puede aplicarse perfectamente a la política, disciplina que consiste, esencialmente, en el ejercicio de acciones y discursos intrínsecamente relacionados. El político convoca a las mayorías para algo: sus palabras mueven a la acción y deben encarnar un proyecto específico. Si esto es así, entonces, la política participa, de alguna manera, en la misión redentora y liberadora de los pueblos. 

La indisciplina

Continuando con estas reflexiones seriadas, le toca el turno a la indisciplina. En nuestro país existen tantas obras sin concluir, tantos proyectos sin ejecutar y tantas ideas geniales sin iniciar, que uno tiende a pensar que tenemos un problema de disciplina.

El desprecio por la ética

Hace una semana escribía que el desprecio por la lógica oculta el desprecio por la verdad. Ahora quiero hablar de la ética y su desprecio, que esconde el menosprecio por la libertad, un don maravilloso que tenemos los seres humanos.

El desprecio por la lógica

Los griegos inventaron el método y la lógica como consecuencia de su amor a la verdad. Repito esta idea porque me parece importante: tanto la lógica como el método son instrumentos al servicio de la verdad, pero sin ellos es muy difícil, prácticamente imposible, alcanzarla. Por eso, despreciar la lógica equivale a mostrar desinterés o desprecio por la verdad.

Con el temple del bambú

De la sabiduría oriental nos llega este proverbio: “Sé fuerte y flexible como el bambú que se dobla pero no se parte”. El roble, que se caracteriza por su gran robustez y firmeza, no es capaz de resistir los embates de una fuerte tempestad, sino el bambú que, por su gran flexibilidad puede doblarse sin partirse y mucho menos arrancarse de raíz. De nada sirve ser duro y estático si tarde o temprano nos quebramos o desarraigamos. Pasada la tormenta, sólo queda en pie el bambú delgado y liviano que, vacío de sí mismo, mantuvo firmes sus raíces a pesar de la tormenta.

Carisma y Jerarquía

A la gloriosa JRC  Acabo de leer una entrevista de Hugo Prieto al artista plástico Nelson Garrido (Premio Nacional de Artes Plásticas, 1991). El título del artículo es “Aquí hay una gran memoria para olvidar”, sin embargo, no es de la memoria, precisamente, de lo que voy a tratar, sino de otro tema que aparece recurrentemente en la entrevista: la rebeldía, la subversión y la revolución. 

Nuestra motivación originaria

Dice Gutenberg Martínez que “la motivación originaria es, sigue siendo, nítida: la insatisfacción espiritual que resuena en el fondo de la conciencia humana ante la saturación de propuestas meramente materialistas que conducen a la deshumanización. Una insatisfacción que mueve a la reacción ante la injusticia social, pero también frente a la pretensión de reducir la grandeza de la condición humana en un destino mediocre, carente de trascendencia. La identidad socialcristiana se construye alrededor de una certeza y una voluntad: la certeza de que existe alternativa al individualismo, al egoísmo, al utilitarismo y, en definitiva, a la mediocridad; la voluntad de crear espacios para la presencia, la participación, la militancia y la influencia de los socialcristianos en la vida pública y en el escenario político”.